domingo, 28 de abril de 2013

Diálogo con el espacio


El coleccionista de obsesiones. Bernardi Roig
Museo Lázaro Galdiano
20 enero/ 20 mayo


Patricia Romero Pérez

El Museo Lázaro Galdiano abre al completo las puertas de sus salas, desde el 25 de enero, para mostrarnos las obras del artista Bernardi Roig. La exposición “El coleccionista de obsesiones” será comisariada por el gran especialista en teoría del arte José Jiménez.
Este artista tan imaginario, Bernardi Roig, nos presenta diecisiete de sus obras en los espacios del museo que incluyen: dibujos, esculturas, imágenes e instalaciones de vídeo donde el propio artista se convierte en el protagonista de su película. El punto de partida de su trabajo en esta exposición es el tema de la lucha con el tiempo, de la memoria, pero sobre todo de la idea del artista como propio coleccionista. El artista ha redescubierto que es un coleccionista pero no de piezas sino un coleccionista de imágenes, de recuerdos, de emociones y de sentimientos que plasma en sus obras. Por eso el artista es un coleccionista de obsesiones, unas obsesiones fruto del transcurso de su vida que se van plasmando en cada una de sus obras. Se trata de una obsesión por ir coleccionando una serie de elementos propios obsesivos del artista y convertirlos en obras artísticas. Y este tema queda expuesto a través de sus obras, unas esculturas muy características a escala real, blancas y pulidas, de gran expresividad que tienen las cualidades de un espejo, atrapan y deforman nuestra imagen y nos adentran en el otro lado de una escena teatral. El artista intenta hacer ver, aunque sea para contemplar la ausencia por medio de figuras que son materias de ficción.

Se trata de una exposición muy innovadora no sólo por la expresividad y sublimidad que caracterizan a sus esculturas sino también por la invasión del espacio. Los “protagonistas” de sus obras tienen una fuerte presencia dentro del espacio en el que se sitúa, llenan el espacio, se mueven en él como si fuera un escenario. Mientras que el espectador debe situarse en el margen buscando un lugar desde el que contemplamos las obras y reflexionamos sobre nuestros comportamientos. Para nuestro artista la introducción de sus obras blancas y neutras deben situarse en un escenario con una narrativa inventada ante un público, es decir, ante un escenario donde se representan unos hechos que contemplamos pasar y que los introducimos en el transcurrir de nuestras vidas. Las obras recorren por primera vez gran parte de las zonas del museo, tanto en las zonas exteriores como el jardín, hasta los sótanos y las salas que normalmente están cerradas al público. Sus obras generan un diálogo con el espacio, se insertan en él adaptándose a la arquitectura y a sus características, a sus elementos, sobrepasando los límites del espacio hasta llegar a lo más alto de un árbol para exponer sus  obras. Una buena combinación de escenario y elementos que crean una unidad narrativa donde se juega con la obra y los elementos que la rodean, y donde los espectadores se convierten ahora en los propios creadores activos del relato.

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