Los encargados
Jorge Galindo y Santiago Sierra
Galería Helga de Alvear
17 enero - 2 marzo 2013
Celia Lucía Soldado Moreno
Entras en una sala de una luminosidad y blancura
impecable y te topas con siete lienzos enormes que se abalanzan encima de ti.
Te siembra un sentimiento de desconcierto, mezclado con ironía y una pizca de
acongoje, cuando ya te vas dando cuenta de quienes son los representados; el Rey, Adolfo Suárez, Calvo Sotelo, Felipe González, José
María Aznar, José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy, pasas a buscar por las
esquinas pensando que es algún tipo de cámara oculta. La inusual disposición de
los cuadros, boca abajo, da que pensar, ya no solamente los políticos nos dan
la espalda sino que además ahora se ponen boca abajo y ninguno nos mira de
frente sino que están en escorzo.
La utilización de colores negros, blancos y grises no pasa
para nada inadvertida, no hay distinción posible, están todos bajo el mismo
techo y bajo la misma gama cromática. Parece que está haciendo alusión a los
cuadros que se ponen, de las personas fallecidas, en el velatorio de un
funeral. En la acción (documentada en forma de video) que transcurrió por la
Gran Vía donde siete coches hicieron un recorrido transportando en los techos,
los cuadros sujetos firmemente. La
lentitud (a causa del viento y el riesgo de que el coche pudiera salir volando)
y la marcha uno detrás de otro marca también esa similitud a un acto o cortejo
funerario.
No es solamente llamativa la posición invertida de los
cuadros, también lo es la del video completo, como si fuera un reflejo en un espejo.
Madrid es claramente reconocible, al igual que la Gran Vía, por donde se
realiza el recorrido comenzado justamente por el final de esta, es decir,
la sucesión de coches va descendiendo la calle desde el último tramo construido
(desde la calle Princesa), hasta llegar al primer tramo que confluye con
Alcalá.
Nos encontramos ante una
pieza con una voluntad claramente provocativa y política por parte de los
artistas Jorge Galindo y Santiago Sierra, que no deja indiferente a nadie. En
un alarde duchampiano cogen un objeto tan cotidiano como un retrato, y lo
convierten en todo un símbolo con una gran fuerza de expresión.
¿Por qué la utilización de pintura y no una fotografía?, al pasar por la zona de
Callao te vienen a la cabeza los carteles del cine pintados a mano, la pintura
hace que tenga una mayor expresividad, acentuada además con la intensidad de
los “claro-oscuros” y es la clara huella del trabajo de Galindo, sumada al
desparpajo de Sierra. Estamos asistiendo a una obra que está formada no solo
por pintura, sino además, por fotografía y por video.
Mientras visualizamos el video en el que transcurren
estas acciones escuchamos de fondo la melodía de la Varsoviana, esto le da un
claro tinte anárquico al conjunto. ¿Qué
nos está tratando de decir?, ¿Acaso está aludiendo a la muerte de la democracia
en pro de la anarquía? Bien es cierto que la música y la imagen nos hacen
recordar también a las típicas marchas militares capitaneadas por un jefe (en
este caso, el mismo jefe del estado) y seguido por sus generales, alineados a
la perfección en cada uno de sus movimientos. Vemos al rey ataviado con su
traje militar oficial señalado claramente por la gorra, ¿Por qué así y no de traje y corbata como el resto de personajes?,
clara alusión de nuevo al papel principal en esta marcha que incluso tiene un
toque militarista y fascista. ¿Es el rey
impuesto por una dictadura el que guía nuestra democracia? Quizás sea esa
la verdadera cuestión que debamos plantearnos.
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