miércoles, 30 de enero de 2013

ALGUIEN DIJO QUE EL MUNDO ES UN ESCENARIO

Fuencisla Miguel-------------------------------------------------------------------------------------------
Bernardí Roig en la Fundación Lázaro Galdiano de Madrid
Alguien dijo que el mundo es un escenario
Alguien dijo que el mundo es un escenario, susurra torpemente Elvis Presley en la banda sonora de uno de los trabajos más sugerentes que el artista mallorquín Bernardí Roig presenta estos días en la Fundación Lázaro Galdiano de Madrid. El mundo es un escenario y, un museo “algo casposo” puede transformarse de golpe en ese mágico escenario, gracias a una brillante y teatral intervención artística. Con una obra ecléctica y multidisciplinar  que recuerda, en cierto modo, al inolvidable Juan Muñoz, Roig ha convertido temporalmente esta casa palacio en una auténtica caja de sorpresas.
El coleccionista de sueños, comisariada por José Jiménez, es la primera exposición que un artista realiza de forma individual en este museo y pretende funcionar a modo de diálogo, entre la enigmática obra de Roig, el marco arquitectónico/paisajístico de la Fundación y su valiosa colección artística. Con esta iniciativa se persigue ampliar el sector de público que visita esta Institución y, por otro lado, provocar una relectura actualizada de sus fondos.
Mediante la intervención (¿o deberíamos decir invasión?) del artista, el espacio se ha convertido en un refrescante contenedor de sueños y obsesiones  donde el visitante se siente transportado por una envolvente atmósfera, extraña y onírica. Las inquietantes esculturas creadas por Roig nos guían por todos los rincones del Museo, invitando a descubrir espacios ocultos (como el túnel que comunica casa y jardín) e incitándonos a desvelar su insospechada presencia en lo alto de un árbol o enterradas en la hojarasca. 
La casa-palacio del famoso coleccionista se ha convertido en un inmenso escenario poblado por impúdicos hombres de blanco que se ocultan, nos espían y, hasta nos impiden el paso armados con tubos de neón blanco. El público tendrá que sortear, buscar y familiarizarse con estos desvergonzados personajes, que pueden llegar a provocar sensaciones encontradas: Su rotunda fisicidad, su gesto ciego y atormentado o su patética desnudez, son una dura metáfora de la vulnerabilidad del ser humano. Por otro lado, su descaro, su persistente presencia, su frialdad e indiferencia, nos intimida, nos asusta, e incluso,a ratos, nos repele.
Este patetismo se acentúa profundamente por las fútiles actividades que estos personajes realizan: Ejercicios para chupar una bombilla, Ejercicios de perplejidad, Prácticas para la infidelidad, etc…  Contemplarles realizando tan inútiles tareas genera cierto desasosiego y, en un irreprimible impulso empático, sentimos ganas de acercar a esa lengua la bombilla, desatar a ese infeliz las manos o ayudar al voyeur suspendido en el balcón, para que logre por fin colarse en la sala… Y es que, un museo es un contenedor de sueños, de obsesiones, de objetos imposibles y de recuerdos y, esta sensación de espacio habitado por cosas que se nos escapan de la razón, se ha visto enormemente acentuada en la Fundación Lázaro Galdiano con la obra de Bernardí Roig.
Cerramos este comentario volviendo a retomar el vídeo al que aludíamos en un comienzo, “Ejercicios de invisibilidad”. En esta pieza audiovisual, Roig, vaga de noche y elegantemente ataviado por las dependencias del museo. Sus ojos están simbólicamente cosidos y un potente foco de luz sobre su cabeza, hace que no pueda fijar su mirada sobre las obras de arte distribuidas por las diferentes estancias. Se trata de una de las obras más impactantes de la exposición en la que el artista (ahora espectador), se muestra como un ser extraño, ausente, perdido. Un personaje desubicado que deambula entre las angostas paredes de  un palacio ajeno, poblado por la fantasmal presencia de los objetos atesorados por un coleccionista de sueños. “Are you lonesome tonight?”... alguien dijo que el museo, es ahora tu escenario.

 

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