martes, 29 de enero de 2013

¿El arte más allá de la galería?


Janaína Nagata Otoch
(Estudiante de intercambio - Brasil)

Los encargados: ¿el arte más allá de la galería?

El 15 de agosto de 2012 desfilaban por la Gran Vía madrileña siete vehículos negros con aspecto de coches oficiales, portando sobre el techo retratos de gran dimensión pintados de negro y boca abajo del rey Juan Carlos I y de los últimos seis presidentes de la democracia española. El 17 de enero de 2013 esos retratos, junto a un videomontaje y un conjunto de fotografías del desfile, son expuestos en la galería de arte contemporáneo Helga de Alvear, y constituyen la exposición titulada Los Encargados.
De hecho, la estética totalitaria utilizada por los artistas Santiago Sierra y Jorge Galindo para delinear los rostros de la supuesta democracia española, provocó discusiones polémicas desde el día de la “marcha militar”.  La Extremadura política, por ejemplo, elogió la acción y la utilizó para encabezar la defensa por una real democracia frente a la falsa transición española dirigida por las elites del franquismo. Por otra parte, el columnista de La Razón Pedro Alberto Cruz Sánchez publicó recientemente un largo ataque al proyecto de Sierra y Galindo, calificándolo de banal, infantil y consentido. En cualquier caso,  estas discusiones y debates provocaron reflexiones e inquietudes, lo que prueba que  Los Encargados es un proyecto logrado en lo que concierne a su capacidad crítica.  Además, su refinamiento estético es evidente sobretodo en el video y en los fotogramas. Los efectos de inversión producidos por la posición de las pinturas y de los edificios provocan confusión mental e incomodidad. Estos valores dialogan directamente con la ambición política y discursiva de la acción.
Esta ambición es evidente en el proyecto y se opone a los presupuestos formalistas de una obra desinteresada y sin contenido; tanto es así que el propio Jorge Galindo, en una entrevista para el periódico El Mundo, dice:empezamos este proyecto con una idea común muy clara: sacar la pintura de forma combativa a la calle”.  No obstante, la disposición de las pinturas en una sala de galería con paredes blancas nos aparta del contexto público de la calle y nos aproxima al universo del arte en su condición más tradicional de enclaustramiento. Digo esto pues creo que la obra funciona en su totalidad como acto, como video y como fotografía, pero pierde fuerza y potencialidad como pintura colgada en la pared.
El modo de exposición de las pinturas puede justificarse, en cambio, según la idea de que los lienzos nos recuerdan la tradición del realismo estalinista y de los retratos de los líderes poderosos del socialismo real. Y que, además, el hecho de que los lienzos están bocabajo y de que el espectador está rodeado por las miradas causa un extrañamiento positivo para los sentidos y lecturas del trabajo artístico. Hay que acordarse, sin embargo, que la estética del realismo socialista no se asociaba a museos ni a galerías, pues hallábase íntimamente relacionada con las masas, el Estado y la publicidad. Por lo tanto, los lienzos funcionan más en el contexto de los comicios y de las marchas oficiales, sustentados por coches mercedes negros en un desfile por Gran Vía. De igual manera, funcionan bien en el video, pues en él se construye un juego interesante entre las pinturas, la calle y el montaje.
Éste es sólo un otro punto de discordancia que plantea Los Encargados. Y seguramente el conjunto de inquietudes y desacuerdos nos muestra el punto sobre el cual se sostiene la acción de Sierra y Galindo: el poder provocativo. Por eso, tanto las críticas como los elogios juegan a su favor.­­­­

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